| gruvna ( @ 2008-07-04 13:44:00 |
Los rotos chilenos
En algunos países sudamericanos los chilenos somos conocidos como "rotos"
La palabra ha tenido distintos usos en el tiempo y por más que han surgido -conjuntamente con el incipiente arribismo y clasismo de nuestra sociedad- diferentes sinónimos más modernos, el uso de esta palabra se ha mantenido.
Ciertamente el uso en términos pragmáticos varía mucho según el contexto. Si se usa con cierto tono de voz, puede usarse para ridiculizar a una persona siutica. Igualmente, no es lo mismo que una persona diga de sí misma que es un "roto" (Muchas veces viene la palabra "chileno" adjunta que implica esa romántica imagen que se tiene del proletario chileno: trabajador, abnegado, humilde, pero supuestamente valiente y esforzado, hombre de familia y amigos, bueno para la pichanga y los asados) como oposición al "cuico" (el sinónimo del ya bastante lejano futre)) que una persona diga del otro que es un "roto".
De hecho, me parece que uno de los lugares más dignos de visitar en Santiago es la no siempre tan mencionada zona del barrio Yungay con su Plaza del Roto Chileno, que incluye la estatua al roto chileno
Sin embargo, cuando nos enteramos que en el extranjero somos conocidos como "rotos", al menos en mi caso, estoy lejos de hacer esa relación optimista.
Ayer mismo, tuve que moverme varias veces en el troncal de regreso a Maipú porque había al fondo del bus un asiento desocupado el que un par de mujeres jovenes se trataba de disputar, mientras iba a avisarle a unos caballeros ya ancianos, que tendrían un lugar disponible.
En aquel mismo viaje, una mujer que viajaba con su bebé en coche no alcanzó a bajarse en su paradero, porque los demás pasajeros se trataron de adelantar con tanta desesperación que se lo impidieron, terminando el chofer por cerrar la puerta a pesar de las protestas. Lo curioso fue que en el paradero siguiente, cuando la mujer finalmente trataba de bajarse con muchos inconvenientes junto a su coche y bebé, nadie fue capaz de ayudarla. Tuve que ir del otro lado de la micro a hacerlo, a pesar de que había bastante otra gente a su alrededor.
Creo que había escrito algo similar sobre las actitudes que había observado en los supermercados de Concepción, pero si se observa la cantidad de basura que la gente diaria e indiscrimidamente lanza al suelo apenas afuera de mi casa (botellas, envolturas de helado, de chocolate, bolsas plasticas) esta lejos de eximir a los santiaguinos de ese concepto. Diariamente veo a niños acompañados de sus padres comer cualquie alimento en los buses y lanzar indiferentemente las envolturas al suelo de la micro, de la calle o de cualquier lado, a pesar de tener muchas veces un basurero a un par de metros.
En mi último viaje a Concepción me pasaron varias cosas atingentes: Tanto en la ida como en el regreso -en un viaje en bus de más de seis horas con la ventana cerrada- personas no pudieron aguantarse las ganas de fumar en el baño dejando obviamente la fetidez en el interior. En el viaje de regreso iban sentados justo detrás mio un trio de futbolistas que encontraban muy gracioso escuchar su MP4 a todo volumen el que aparentemente tenían lleno de escenas cómicas argentinas que incluian todas las groserías posibles. Al lado mio en el bus, solo separado por el pasillo, había una señora de cierta edad que viajaba con una niña. Ambas fueron comiendose una bolsa llena de maní durante el viaje. Las cáscaras, como ya se podrán imaginar, quedaron decorando el suelo del bus. Cuando el auxiliar, al finalizar ya el viaje, le mostró la cochinada que había dejado, la señora se río (supongo que lo encontró muy gracioso) y creo que le dijo algo como "Nos fuimos comiendo maní"
Con este ejemplo pretendo concluir que la supuesta rotería chilena no tiene que ver con un asunto generacional . Al contrario, muchas veces me parecen las jóvenes generaciones bastante más educadas que las mayores. Si hay algo que molesta es ver a esos señores(as) de más de cincuenta años que probablemente ni se han duchado en la mañana y que les cueste reirse de algo que no aluda a los órganos sexuales, referirse de manera despectiva a los modales de la juventud.
En Mendoza una mujer en una farmacia me dijo que le parecía que los chilenos eran personas muy educadas. La miré con bastante incredulidad, pues una de las cosas que me gusta de Mendoza es -y no pretendo idealizar tampoco- que puedes hablar con un caballero que se dedica a vender tortitas con mate cocido en la calle afuera del terminal de buses, quien además de hablar con sujeto y predicado, dará las gracias y deseará un buen dia. Semanalmente veo que en la feria ese tipo de actitudes aún existe, pero dudo de si los modales tengan la valoración que -supongo- alguna vez tuvieron en nuestras clases populares.
En algunos países sudamericanos los chilenos somos conocidos como "rotos"
La palabra ha tenido distintos usos en el tiempo y por más que han surgido -conjuntamente con el incipiente arribismo y clasismo de nuestra sociedad- diferentes sinónimos más modernos, el uso de esta palabra se ha mantenido.
Ciertamente el uso en términos pragmáticos varía mucho según el contexto. Si se usa con cierto tono de voz, puede usarse para ridiculizar a una persona siutica. Igualmente, no es lo mismo que una persona diga de sí misma que es un "roto" (Muchas veces viene la palabra "chileno" adjunta que implica esa romántica imagen que se tiene del proletario chileno: trabajador, abnegado, humilde, pero supuestamente valiente y esforzado, hombre de familia y amigos, bueno para la pichanga y los asados) como oposición al "cuico" (el sinónimo del ya bastante lejano futre)) que una persona diga del otro que es un "roto".
De hecho, me parece que uno de los lugares más dignos de visitar en Santiago es la no siempre tan mencionada zona del barrio Yungay con su Plaza del Roto Chileno, que incluye la estatua al roto chileno
Sin embargo, cuando nos enteramos que en el extranjero somos conocidos como "rotos", al menos en mi caso, estoy lejos de hacer esa relación optimista.
Ayer mismo, tuve que moverme varias veces en el troncal de regreso a Maipú porque había al fondo del bus un asiento desocupado el que un par de mujeres jovenes se trataba de disputar, mientras iba a avisarle a unos caballeros ya ancianos, que tendrían un lugar disponible.
En aquel mismo viaje, una mujer que viajaba con su bebé en coche no alcanzó a bajarse en su paradero, porque los demás pasajeros se trataron de adelantar con tanta desesperación que se lo impidieron, terminando el chofer por cerrar la puerta a pesar de las protestas. Lo curioso fue que en el paradero siguiente, cuando la mujer finalmente trataba de bajarse con muchos inconvenientes junto a su coche y bebé, nadie fue capaz de ayudarla. Tuve que ir del otro lado de la micro a hacerlo, a pesar de que había bastante otra gente a su alrededor.
Creo que había escrito algo similar sobre las actitudes que había observado en los supermercados de Concepción, pero si se observa la cantidad de basura que la gente diaria e indiscrimidamente lanza al suelo apenas afuera de mi casa (botellas, envolturas de helado, de chocolate, bolsas plasticas) esta lejos de eximir a los santiaguinos de ese concepto. Diariamente veo a niños acompañados de sus padres comer cualquie alimento en los buses y lanzar indiferentemente las envolturas al suelo de la micro, de la calle o de cualquier lado, a pesar de tener muchas veces un basurero a un par de metros.
En mi último viaje a Concepción me pasaron varias cosas atingentes: Tanto en la ida como en el regreso -en un viaje en bus de más de seis horas con la ventana cerrada- personas no pudieron aguantarse las ganas de fumar en el baño dejando obviamente la fetidez en el interior. En el viaje de regreso iban sentados justo detrás mio un trio de futbolistas que encontraban muy gracioso escuchar su MP4 a todo volumen el que aparentemente tenían lleno de escenas cómicas argentinas que incluian todas las groserías posibles. Al lado mio en el bus, solo separado por el pasillo, había una señora de cierta edad que viajaba con una niña. Ambas fueron comiendose una bolsa llena de maní durante el viaje. Las cáscaras, como ya se podrán imaginar, quedaron decorando el suelo del bus. Cuando el auxiliar, al finalizar ya el viaje, le mostró la cochinada que había dejado, la señora se río (supongo que lo encontró muy gracioso) y creo que le dijo algo como "Nos fuimos comiendo maní"
Con este ejemplo pretendo concluir que la supuesta rotería chilena no tiene que ver con un asunto generacional . Al contrario, muchas veces me parecen las jóvenes generaciones bastante más educadas que las mayores. Si hay algo que molesta es ver a esos señores(as) de más de cincuenta años que probablemente ni se han duchado en la mañana y que les cueste reirse de algo que no aluda a los órganos sexuales, referirse de manera despectiva a los modales de la juventud.
En Mendoza una mujer en una farmacia me dijo que le parecía que los chilenos eran personas muy educadas. La miré con bastante incredulidad, pues una de las cosas que me gusta de Mendoza es -y no pretendo idealizar tampoco- que puedes hablar con un caballero que se dedica a vender tortitas con mate cocido en la calle afuera del terminal de buses, quien además de hablar con sujeto y predicado, dará las gracias y deseará un buen dia. Semanalmente veo que en la feria ese tipo de actitudes aún existe, pero dudo de si los modales tengan la valoración que -supongo- alguna vez tuvieron en nuestras clases populares.