| gruvna ( @ 2008-07-10 20:49:00 |
Lubitsch y Rayuela
Gentileza del Instituto Goethe he estado los días pasados revisando parte de la obra de Ernst Lubitsch que venía en esta colección. Reconozco que mis expectativas no eran demasiadas, pero al verlas no solo me hizo sentir la vigencia de su cine sino también no me deja de impresionar como temas que en una sociedad como en la que yo vivo sean aún motivo de polémica (homosexualidad, travestismo, adulterio, satira a la disciplina militar) ya hayan sido tomados antes de 1920 con tanta frescura.
La imagen que está acá posteada corresponde a la película Die Bergkatze que había dejado casi al final por razones de duración. Hacía tiempo que no me divertía -y reía espontaneamente - de manera tan desintoxicante como con este film.
Por otro lado, hace ya varios dias que finalmente empecé con la lectura de Rayuela. Durante muchos años había postergado su lectura simplemente porque nunca había conseguido conciliar mi ánimo con un tiempo necesario para su estudio. Personas a las que he apreciado mucho, tanto humana como intelectualmente me habían hablado en su momento con mucho respeto de este libro (fuera de las innumerables referencias que supongo la mayoría de las personas conoce) y quizás este mismo respeto me había hecho alejarme de el. Incluso hace poco me parece haber visto a un crítico literario en televisión (¡Sí, todavía existen en Chile!)- que despedazó la novela, lo que parece provocó alguna inquietud en el panel (Igual encuentro sano el que exista gente dispuesta a desacralizar los libros). Asumía que yo tendría otro criterio, pero en lo que llevo del texto y fuera de lo ingenioso que debe haber sido en su momento llevar la narración de esa manera, admito que estoy algo desencantado. Ya me habían mantenido alerta algunas pedanterías medias machistoides que había visto en otros textos de Cortazar, pero creo que aparentemente acá se manifiesta de una manera ostensible. Incontables e innecesarias citas y nombres en algunos capítulos, guiños que pretenden que por ser intelectuales habrían de ser graciosos, la caricatura de la mujer que no entiende nada mientras los hombres intelectuales hablan de cosas profundas y el alargar el relato con frases en lengua extranjera sin motivo aparente no han logrado imbuirme en la narración.
Naturalmente este es un criterio muy personal y la mera historia que conlleva un acontecimiento literario semejante podría hacer que mucha gente considerara ya a priori mi comentario como no autorizado; admito también que hay algunos diálogos o escenas que me han parecido muy ingeniosos y que -contra mi costumbre- estoy comentando un texto cuya lectura no acabo, pero para tanta preparación y entusiasmo inicial con el que me lancé inicialmente al texto me siento ya algo desentusiasmado.
No obstante siempre es interesante conocer a alguien que tenga una opinión distinta. Quizás me sirva incluso para enfocar más adecuadamente la lectura.
Gentileza del Instituto Goethe he estado los días pasados revisando parte de la obra de Ernst Lubitsch que venía en esta colección. Reconozco que mis expectativas no eran demasiadas, pero al verlas no solo me hizo sentir la vigencia de su cine sino también no me deja de impresionar como temas que en una sociedad como en la que yo vivo sean aún motivo de polémica (homosexualidad, travestismo, adulterio, satira a la disciplina militar) ya hayan sido tomados antes de 1920 con tanta frescura.
La imagen que está acá posteada corresponde a la película Die Bergkatze que había dejado casi al final por razones de duración. Hacía tiempo que no me divertía -y reía espontaneamente - de manera tan desintoxicante como con este film.
Por otro lado, hace ya varios dias que finalmente empecé con la lectura de Rayuela. Durante muchos años había postergado su lectura simplemente porque nunca había conseguido conciliar mi ánimo con un tiempo necesario para su estudio. Personas a las que he apreciado mucho, tanto humana como intelectualmente me habían hablado en su momento con mucho respeto de este libro (fuera de las innumerables referencias que supongo la mayoría de las personas conoce) y quizás este mismo respeto me había hecho alejarme de el. Incluso hace poco me parece haber visto a un crítico literario en televisión (¡Sí, todavía existen en Chile!)- que despedazó la novela, lo que parece provocó alguna inquietud en el panel (Igual encuentro sano el que exista gente dispuesta a desacralizar los libros). Asumía que yo tendría otro criterio, pero en lo que llevo del texto y fuera de lo ingenioso que debe haber sido en su momento llevar la narración de esa manera, admito que estoy algo desencantado. Ya me habían mantenido alerta algunas pedanterías medias machistoides que había visto en otros textos de Cortazar, pero creo que aparentemente acá se manifiesta de una manera ostensible. Incontables e innecesarias citas y nombres en algunos capítulos, guiños que pretenden que por ser intelectuales habrían de ser graciosos, la caricatura de la mujer que no entiende nada mientras los hombres intelectuales hablan de cosas profundas y el alargar el relato con frases en lengua extranjera sin motivo aparente no han logrado imbuirme en la narración.
Naturalmente este es un criterio muy personal y la mera historia que conlleva un acontecimiento literario semejante podría hacer que mucha gente considerara ya a priori mi comentario como no autorizado; admito también que hay algunos diálogos o escenas que me han parecido muy ingeniosos y que -contra mi costumbre- estoy comentando un texto cuya lectura no acabo, pero para tanta preparación y entusiasmo inicial con el que me lancé inicialmente al texto me siento ya algo desentusiasmado.
No obstante siempre es interesante conocer a alguien que tenga una opinión distinta. Quizás me sirva incluso para enfocar más adecuadamente la lectura.
